Tuve una reacción química en la primera clase de yoga a la que asistí hace más de veinte años. Supe enseguida que aquella maravilla había llegado para quedarse, y que sin duda, se convertiría en uno de los principales aspectos de mi vida. Y tanto fue así, que cambié mi trabajo como estilista y decoradora, la ciudad en la que vivía y en general todo mi mundo, para dedicar gran parte de mi tiempo a la práctica, el estudio y la enseñanza del yoga.

Mi formación llega de ámbitos diversos, lo que me permite dirigir mi trabajo con amplitud, profundidad y mucha creatividad.

En 2009 empecé mi primera formación como profesora certificada por la Yoga Alliance, estudiando las bases tradicionales y fundamentos del Hatha yoga. Tras esa primera formación, siguieron otras de Vinyasa Flow, yoga restaurativo, Yin, yoga para niños, trabajos de anatomía experimental, pranayama, y otras muchas técnicas que me apasionan y que aún sigo estudiando y de las que me sigo nutriendo cada día.

Mi amor por el movimiento, por la quietud, por las sensaciones, la poesía y la naturaleza, se ven reflejadas en mi manera de entender la vida, de acompañar a mis hijos y por supuesto en mi práctica personal y en la enseñanza hacia mis alumnos.